Crónica Carrera Pico Lenin 2015 (I). Previa.

Crónica Carrera Pico Lenin 2015 (I). Previa.

“Hay un momento para el valor, y otro para la prudencia. El que es inteligente, sabe distinguirlos”

Me he topado en twitter con esta frase extraída de ‘El club de los poetas muertos’ y no he podido evitar comenzar con ella. Y no porque yo me sienta capaz de distinguir esos momentos, sino precisamente por lo difícil que ha sido en esta experiencia tomar decisiones, saber dónde estaba el punto justo entre el valor que todo reto implica y la prudencia al que nos impulsa nuestro natural instinto de conservación. Si iba buscando experiencias, no cabe duda de que las he encontrado. He pasado miedo, mucho miedo, para qué nos vamos a engañar. Y antes de que el tiempo diluya ese recuerdo y me encuentre diciendo ‘bah, en realidad no fue para tanto’, creo que es interesante plasmarlo, tal como lo he vivido. Aunque lo cierto es que va a ser difícil de olvidar. Esos momentos creyendo que vas a morir, negándote a aceptar que te ha tocado, deseando con todas tus fuerzas no estar donde estás, te hacen reflexionar bastante. Cuando pienso en las sensaciones que me acompañaron esos días de incertidumbre e improvisación, salta constantemente a mi cabeza un adjetivo; esquizofrénico, totalmente esquizofrénico. No sé si sabré transmitir todo ese caos emocional. Quizá ayude si te visualizas a ti mismo/a intentándolo. Porque al fin y al cabo, no soy ningún profesional de la aventura, simplemente un aficionado, como tú.

Portada del libro de John Hunt sobre la primera ascensión al Everest.

Portada del libro de John Hunt sobre la primera ascensión al Everest.

Pero empecemos por el principio. ¿Cómo se le ocurre a alguien algo así? ¿Te caes de la cama, te das un golpe en la cabeza y decides ir a jugarte la vida así, sin más? Ya digo que no soy un profesional de la aventura, y desde luego no me gusta nada jugármela. Como cualquier aficionado a la montaña he soñado con ascender alguna de las grandes cumbres del planeta. Es el peligro de los relatos aventureros. Como los libros de caballerías que enloquecen a Alonso Quijano, uno sueña cual Quijote con enfrentarse a esos colosos evocando las hazañas de las primeras conquistas a ochomiles y de las grandes epopeyas del alpinismo. Esos relatos han inspirado a generaciones de montañeros, pero en el fondo son bastante inofensivos. Muy pronto comprende uno que sus protagonistas están en otra dimensión, son de otro planeta, y la idea de ascender alguna de esas montañas se queda simplemente en un sueño. Un sueño con el que uno quizá de vez en cuando quijotea mientras se enfrenta a una pequeña ventisca en las más modestas montañas de su entorno, en mi caso el Pirineo o el Moncayo. Mis ambiciones estuvieron a punto de llevarme al Aconcagua, monte que la literatura vende quizá como demasiado fácil, pero nunca llevé a cabo ese viaje y más allá de eso, los picos de 7000m y 8000m los sentía vetados, como algo fuera de mi alcance.

Mi colega Thano en la cumbre del Pico Lenin

Mi colega Thano en la cumbre del Pico Lenin

Pero la vida a veces nos sorprende. Y una de las cosas que aprendí como corolario de mi experiencia en el Polo es que a veces nos ponemos límites antes siquiera de intentar algo. No quiero decir con eso que uno pueda conseguir todo lo que se proponga. Esos discursos excesivamente optimistas a veces deprimen más que ayudan. Es simplemente que se amplió mi campo de ‘visión’, el conjunto de cosas que de repente era capaz de plantearme. Precisamente allí en la base coincidí en la temporada de verano (nov’11-feb’12) con Thano, un americano de origen griego con el que compartí la experiencia de correr la maratón en Nochevieja. Él dejó la base en febrero, pero siguiendo sus andanzas por Facebook descubrí que se había tomado unos meses para recorrer la ruta de la seda en bici. Aquello ya me pareció algo increíble. Esos viajeros solitarios que lo dejan todo para recorrer mundo sólo los había visto en los documentales, y resulta que yo conocía uno! Pero lo que realmente me dejó estupefacto fue la foto que colgó un día. Con su cara sonriente y completamente blanca por la crema solar posaba delante de un busto de Lenin. Tuve que releer varias veces el pie de foto, porque no me lo podía creer. Thano estaba en la cumbre del pico Lenin, a 7134m! Fue increíble y nuevamente revelador. Se había roto otra barrera. Las grandes cumbres ya no estaban fuera de mi alcance. Si él había subido yo también podía.

Los 4 que corrimos la maratón del polo sur en la nochevieja de 2011.

Los 4 que corrimos la maratón del polo sur en la nochevieja de 2011.

No recuerdo si ya a mi regreso, o estando todavía allí, comencé a intercambiar mensajes con él para informarme de la ruta. Aparentemente era fácil, sólo la parte entre el campo1 a 4400m y el campo2 a 5300m era delicada y hacía falta encordarse por la presencia de grietas. A partir de ahí, largas rampas de nieve hasta la cumbre. Las fotos que me mandó me ponían los dientes muy largos, tenía que ir! Miré parte de la logística pero montar una expedición lleva su tiempo, sobre todo una primera expedición de esa envergadura. De hecho, esa parte de la logística me daba una pereza enorme. Dejé pasar un verano rumiando la idea y creo que fue a la vuelta de ese verano cuando me topé con ‘La’ noticia, los rusos habían organizado una carrera que subía hasta la cumbre del pico Lenin! En el pasado esa noticia me hubiese sorprendido sin más, y hubiese hecho volar mi imaginación soñando que yo participaba en ella, pero en ese momento lo tuve claro, supe que era algo que estaba a mi alcance. Era un reto chulísimo y además resolvía muchos de los problemas de logística que me habían estado frenando, era perfecto. En realidad, más que problemas, lo que me frenaban eran dudas y miedos. Nunca había organizado una expedición a un pico tan alto, me faltaba material, me preocupaba la aclimatación, el tiempo, la estrategia. Pero en una carrera, con una organización detrás, todo se simplificaba, y, al menos tal como lo vi en ese momento, las probabilidades de alcanzar cumbre aumentaban. La ruta iba a estar marcada y revisada, habría apoyo médico y avituallamiento en los campos, y en estilo ligero era posible aprovechar mejor ventanas de buen tiempo.

Llegada de la Lenin Race.

Llegada de la Lenin Race.

Escribí a la organización el septiembre pasado. No obtuve respuesta, pero volví a la carga uno o dos meses después, y esta vez sí logré contactar con ellos. La rueda echaba a andar…

El primer problema era que allá por mayo del año pasado (2014) me había hecho un esguince fortísimo. Estaba todavía convaleciente. En septiembre había vuelto a entrenar un poco con las peores sensaciones de toda mi vida. Recuerdo días arrastrándome a más de 7’/km recurriendo a toda mi fuerza de voluntad para mover mi cuerpo de plomo. Fue un mes muy caluroso y estaba convencido de que iba a volver fuerte, pero no pintaba muy bien la cosa. No lograba entrenar mucho. Entre septiembre y octubre acumulé menos de 200kms. En noviembre empecé a encontrarme mejor, y ya en una concentración con los amigos en el pirineo a finales de mes las sensaciones mejoraron mucho. El tobillo no estaba al 100% pero no me impedía correr por el monte. Y en diciembre me llevé una gran sorpresa en mis primeras carreras en meses; volvía a estar a tope! De hecho, volvía mejor que nunca, y eso, como atleta y como científico merece una reflexión. ¿Qué estaba pasando? Entrenaba igual o menos que otras veces, ni un solo día de series en todo el invierno, y estaba corriendo más que nunca!
Supongo que no es casualidad que todo el mundo me dijera que me veía más delgado. Y esa es la clave. Sin dietas y sin cuidarme especialmente, pero quizá por algún cambio de hábito y desde luego gracias a mis nulas dotes como cocinero (que hacen que sobreviva prácticamente a base de ensaladas, filetes a la plancha y pasta) he perdido un par de kilos (más o menos, tampoco me controlo el peso). Eso en mi peso puede suponer un 3%, que es mucho. Si a eso se suma más días de entrenamiento en altura, con la correspondiente mejora de hematocrito (es una hipótesis, tampoco me lo he medido), creo que se puede explicar una mejora aproximada del 5% en mi rendimiento. Eso es pasar por ejemplo de 1h19’ a 1h15’ en media maratón, así sin más. Ha sido bastante sorprendente y a nivel psicológico me ha permitido aguantar muy bien un año por lo demás muy estresante. Hay que recordar que una de las cosas que a veces da al traste con la preparación de retos es la dura carga psicológica de los entrenamientos. Así que poder estar a tope casi ‘sin entrenar’ ha sido una sensación extraña, pero muy gratificante. (Para los aficionados a esto de la zapatilla, la media de kms de Enero a Junio me sale unos 55kms/semana y menos de +5000m de desnivel al mes).

Primera victoria en muchísimos años, y casi sin entrenar. Dónde está el truco?!

Primera victoria en muchísimos años, y casi sin entrenar. Dónde está el truco?!

El caso es que a principios de año todo iba viento en popa para poder centrarme en la logística del viaje, pero entonces surgió otro imprevisto. En diciembre habían llamado a la Universidad buscando científicos con algo de experiencia en comunicación para un casting. La productora zaragozana ‘Sin Tregua’ había propuesto a la televisión aragonesa la realización de un programa de Ciencia. Solicitaron ayuda económica a la Fecyt y la consiguieron, sólo necesitaban un presentador. Y por esto de probar cosas nuevas me presenté. Fui muy tranquilo, al igual que en mi entrevista para IceCube, simplemente porque no piensas que te vayan a coger. Pero me cogieron, y lo que iba a ser uno o dos meses de grabación (Enero y/o Febrero) se extendió entre unas cosas y otras hasta Junio. Seguro que no hubiera sido imposible sacar tiempo para preparar el viaje a pesar de tener que compaginar el trabajo en la universidad, las grabaciones y los entrenamientos, pero a pesar de estar internamente convencido de lo que iba a hacer, seguía albergando ciertas dudas. Sólo me había atrevido a compartirlo con algunos amigos cercanos. Mi idea de preparación implicaba contactar con distintas personas, médicos para asesorar sobre la aclimatación, incluso hacer algún estudio, algún alpinista para asesorar sobre material y logística, etc, algún medio para intentar darle algo de difusión y asesorar sobre cómo grabarlo o incluso seguirlo en directo. Esto implicaba movilizar a demasiada gente sin estar totalmente convencido de si finalmente iba a poder hacer el viaje, así que me desinflé un poco, y las semanas pasaban. Lo único que seguía viento en popa era mi forma física, pero eso no servía de nada sin un plan de aclimatación. Estuve de hecho mirando la posibilidad de alquilar una cámara hipobárica, pero no resultaba fácil ni barato.

Momento durante la grabación de uno de los programas de En Ruta con la Ciencia de Aragón TV.

Momento durante la grabación de uno de los programas de En Ruta con la Ciencia de Aragón TV.

 

Y es que las cosas pocas veces son como uno las imagina. Un invierno como ese, con tanta nieve, hubiera sido ideal para preparar el reto. Me imaginaba probando opciones, material, corriendo por el monte de día, de noche, con frío, con calor, acumulando desnivel, durmiendo en cimas para aclimatar. En Nochebuena había subido al Moncayo con unos amigos en zapatillas para probar unas correas que se adaptan como las cadenas de los coches. El resultado fue sorprendente, pude subir por una pendiente muy fuerte con total sensación de seguridad. Pensé que tenía ese tema resuelto, pero en realidad las condiciones de la nieve ese día fueron excepcionales. Nieve dura pero sin hielo. El resto de veces que probé esas correas con nieve más blanda no sirvieron para nada. Y tampoco las hubiera podido llevar en la carrera. No me hubiesen dejado correr con ellas y en cualquier caso sólo hubiesen servido en la primera parte del glaciar. El resto del invierno no conseguí salir más que dos o tres veces al mes al monte, así que no pude aclarar demasiado cómo podía afrontar una carrera por encima de 7000m.

Cumbre del Moncayo en zapatillas.

Cumbre del Moncayo en zapatillas.

En mayo llegó la hora de la verdad. Me había tocado dorsal para la Zegama-Aizkorri. Una de las maratones de montaña más emblemáticas del planeta. Este año era campeonato de Europa, pero el ambiente y el nivel es siempre excepcional. Lo tenía como prueba de fuego. Mi objetivo era bajar de 5h y conseguir dorsal por tiempos para el año siguiente. Algo asequible a juzgar por mis resultados de la temporada. Pero una vez más me di de bruces contra la distancia. Está claro que acumulando tan pocos kms de entrenamiento es difícil rendir en una prueba tan larga. Pero creo que pudo influir también que no desayuné mucho y no tengo muy ‘pillado’ el tema de avituallamientos, porque me empecé a encontrar flojo demasiado pronto. Tuve la suerte de poder compartir la primera mitad de carrera con las primeras chicas, pero ya antes de ese punto vi que no iba tan fresco como debería. Del km 20 al 30 sufrí muchísimo, aunque luego conseguí recuperarme algo. Al final acabé con 5h39’, así que si quiero volver, tendré que probar suerte de nuevo en el sorteo. A pesar de todo acabé con una gran sonrisa. Se sufre, pero se disfruta mucho en esta prueba con un recorrido tan espectacular de sendas, bosque, praderas y sobre todo barro y con el griterío continuo de los miles de aficionados que te encuentras de principio a fin.

Cansado pero contento a la llegada de la maratón Zegama-Aizkorri.

Cansado pero contento a la llegada de la maratón Zegama-Aizkorri.

El tiempo se echaba encima y tenía que tomar una decisión si quería conseguir vuelos baratos. A pesar del varapalo de Zegama, la semana siguiente decidí pillar el billete y pagar la inscripción de la carrera, ya no había marcha atrás. Es curioso, porque al final estas decisiones se reducen a un click. Te quedas parado viendo el itinerario y soñando que lo haces, pero lamentándote por no hacerlo, o te lanzas a la piscina y le das al ‘Enter’. En ese momento ya entendí que pasara lo que pasara el verdadero triunfo había sido ese. Aunque todo lo que envolvía el viaje y la manera de afrontar la carrera seguían siendo una total incógnita hay cosas que sólo se resuelven intentándolas. A veces hay que dejar de soñar con hacer cosas y hacerlas, aunque te des de bruces.

Programa previsto para la carrera del Lenin 2015.

Programa previsto para la carrera del Lenin 2015. Nunca supe qué es la Qualification run up.

Todo lo que sabía era a través de la web de la agencia Ak-sai que co-organiza la carrera (http://www.ak-sai.com/en/mountaineering/run-up). En el programa de viaje que me hicieron llegar, la carrera aparecía el día 29 y la llegada al campo base el día 20. De las pocas cosas que sí había podido dilucidar respecto a la logística era que 9 días de aclimatación eran muy pocos; en general son necesarias 3 semanas para subir con garantías a alturas por encima de los 7000m. Subir demasiado rápido puede ser peligroso. Es un importante factor de riesgo en la aparición de edemas cerebrales, que son mortales si no se consigue descender inmediatamente. Me informé de opciones para viajar antes al campo base y finalmente la fecha de vuelo que elegí fue el 14 de Julio, justo el mismo día en que la sonda New Horizons iba a llegar al explaneta Plutón tras 10 años de viaje. El itinerario elegido era un poco enrevesado, pero era lo más barato: Madrid-Munich-Moscú-Osh. Llegaba el día 15 tempranito y a las pocas horas tomaba un transporte hasta el campo base. Al parecer no todos los días hay transporte al campo base desde Osh, aunque una vez allí vi que llegaban vehículos todos los días. Tenía dos semanas para pasar de los 3600m del CB hasta los 7134m de la cumbre. Un poco justo, pero tenía que ser suficiente, ya estaba estirando todo lo posible las vacaciones.

Junio. Me quedaba sólo un mes para prepararlo todo porque a primeros de Julio venían mis hijas y quería aprovechar al máximo las dos semanas que iba a tener con ellas. Sólo había conseguido decidirme por el paquete a contratar. De las varias opciones que ofrecía la agencia, el más barato no incluía comida o alojamiento y no estaba en condiciones de preparar todo lo necesario. El que incluía todo, con días ilimitados en CB y campos de altura era un poco caro, así que me quedé en una solución intermedia: días ilimitados en CB y campo 1 (campo base avanzado) con alojamiento en tienda y comidas. Las noches en altura las pagaría a parte. Haciendo mis cuentas supuse que no serían muchos días y a pesar de cobrarte 65€ por noche (para maldormir en una tienda!) me iba a salir en conjunto más barato. El hecho de no necesitar visado para Kyrgyzstan facilitó también bastante las cosas. Con el pasaporte era suficiente, así que el tema ‘viaje’ y logística parecía solucionado.

Faltaba el tema ‘ropa’. Gracias a mi compañero de aventuras Alfredo pude completar el equipo de alta montaña (la mitad de lo que llevaba era suyo!). Sólo las botas de plástico que pensaba usar en la aclimatación (y que tenían más de 20 años) y la ropa térmica interior que guardaba de cuando el Polo era mío. Y tirando de contactos pude conocer a Eduardo, un alpinista zaragozano que me presto el petate. Un petate con solera, trillado en las más altas cordilleras del planeta, con una inscripción aún legible de una anterior expedición al Cho Oyu y que estaba por vivir una nueva aventura, no tanto por la montaña, sino por las compañías aéreas! Otra amiga, Sonia, se había ofrecido a prepararme un botiquín y conseguirme Edemox, un medicamento que supuestamente facilita el proceso de aclimatación. Mi mayor preocupación era cómo iba a responder mi cuerpo a la altura y estaba dispuesto a probarlo, pero al final, no llegué a usarlo.

Una posible idea para usar en la carrera, zapatillas, cubrebotines de ciclismo y crampones ligeros.

Una posible idea para usar en la carrera, zapatillas, cubrebotines de ciclismo y crampones ligeros.

Lo que no había conseguido decidir era con qué correr. Después de mi experiencia en la media maratón invernal en el Polo sabía que era posible intentarlo en zapatillas, pero para eso necesitaba calentadores químicos. Mirando en internet vi que había un distribuidor en Zaragoza, que se sorprendió de que buscase ese producto en verano. Otra cosa resuelta. Pero no podía fiarme de llevar sólo zapatillas y botas de plástico. Si no me dejaban correr con las primeras, sólo me quedaban las segundas, demasiado pesadas para ir rápido. Necesitaba algo intermedio. Busqué por internet varios modelos, pero no tuve tiempo de localizar algo adecuado a buen precio. No sabía qué hacer. Se me habían echado los días encima y a falta sólo de unos días para el viaje de repente pasé por delante de un outlet. Entré a mirar y salí de allí con unas chanclas, unas zapatillas de asfalto, y unas botas de trecking ligeras, todo ello por 80€. Las botas eran muy malas y del 44, pero la idea era llevarlas con calcetín grueso y con los calentadores. Además si al final las tenía que tirar no iba a ser mucha la pérdida. Aún faltaba otro detalle. Quería que desde casa se pudiese seguir mi evolución, sobre todo durante la carrera, así que me informé de esos sistemas que lleva la gente. No sé si hay otros, pero descubrí uno que se llama SPOT y de nuevo, resulta que hay un distribuidor en Zaragoza. El problema es que tienes que comprarte el aparato (180€) y además alquilar algún servicio (que es lo que te permite que se envíen luego los mensajes con tu posición). Yo sólo lo quería para un mes así que les propuse alquilarlo y llegamos a un acuerdo. Tenía la duda de si la cobertura sería buena en la zona del Lenin porque en los mapas de cobertura aparecía muy en el límite, pero al parecer funcionó muy bien.

El petate a medio preparar.

El petate a medio preparar.

El caso es que al final fueron bastantes cosas las que tuve que resolver en un mes también bastante intenso en el trabajo e intentando no descuidar los entrenamientos. De hecho no me dio tiempo de preparar el petate antes de que llegaran mis hijas así que esos últimos días fueron una locura, frenéticos y llenos de sensaciones contradictorias. Sentía que debía estar contento y emocionado, pero creo que me desbordó toda la situación. No era así como lo había imaginado. Quería haberlo preparado con más mimo, como se merece un reto así, y estaba haciendo el petate la tarde antes de salir, para enfrentarme a un 7000m con unas botas de outlet compradas el último día. Manda huevos. No podía salir bien. Tenía que insistir en recordarme que en realidad lo importante ya lo había logrado. El simple hecho de haber tomado la decisión de ir era un éxito. Joder, me había inscrito en una carrera para subir corriendo al pico Lenin y en unas horas iba a estar viajando al objetivo, con un par. No era un sueño, era la puta realidad.

Con un petate inquietantemente pesado y una pequeña mochila de mano emprendía viaje desde Zaragoza en la madrugada del día 14. En mi bolsillo un buff con las siglas del CAU, el club alpino universitario con el que me había federado este año y que Rafa, un colega del club me había traído unos días antes a mi despacho en nombre de todo el club. Qué gesto, tenía que darlo todo! Eso y una carta de mi pareja que sólo podía abrir al llegar al campo base eran los únicos objetos-amuleto que llevaba. Había pensado en llevar alguna foto personal para fotografiarme en la cumbre y dedicarla a mi gente más cercana, los sufridores, pero de nuevo las prisas,…soy un desastre. Aún recuerdo la sonrisa preocupada de mi madre cuando le conté el reto. Siempre se alegra por mí, y sabe que soy prudente, pero esta vez sonaba a algo peligroso, y a país peligroso. Sí, hay algo imperdonablemente egoísta en todo reto. Yo tranquilizaba a mis padres diciendo que era una carrera y estaba todo organizado. Si hubiera sabido lo que me esperaba puede que me lo hubiese pensado mejor. Pero eso,…en la siguiente entrega.

*Cualquier comentario, sugerencia, pregunta, corrección, etc será bienvenido.

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